Thursday, November 17, 2005

FIESTA DEL HOMBRE ANDINO

Escudriñando leyendas mitológicas, cuentan que apenas se presentaba el dios Baco en un centro humano, comenzaba a reinar allí inmediatamente la alegría, la diversión, el baile y la embriaguez. En el día por una manifiesta degeneración de la moral cristiana, el sacerdote católico a llegado a ocupar entre los indios hoy llamado andino el lugar del mitológico Baco. La presencia del cura eñ un pueblo pequeño indígena incita enseguida a sus moradores a entregarse a un ruidoso jolgorio. Truenan los cohetes, suenan las cajas, vibran las quenas y por todas partes afluyen los viejos vestidos de trajes nuevos, ponchos vistosos y los jóvenes igualmente ataviados, contentos y tocando sus quenas; las jóvenes con sus mejores vestidos, el rostro fresco y risueño, y adornado el sombrero de flores. De'sde épocas pasadas el cura presidía la fiesta y para que el símil con Baco sea completo, va tras las andas de la efigie que saca en procesión cubierto de ornamentos que brillan y centellan al contacto de los rayos solares, seguido de bailarines embriagados y de un séquito de personas alegres.

Desde la época ancestral las capillas existentes en las distinta localidades rurales, yá sea en las exhaciendas o excomunidades andinas, por los hábitos viciosos expuestos tejos de ser en esa época locales donde se enseñó e inculcó a los indios los preceptos de la doctrina cristiana, fueron centros en los que se pervirtió a estos y se les proporcionó la ocasión para que embriagados cometan todo género de inmoralidades, abusos y aún crímenes; en la actualidad se ha ido perdiendo este tipo de costumbres negativas para una sociedad que se encuentra en un trance de cambio.

Cuando el al goza en el pueblo de influencias o es acaudalado, celebran la misa a que tienen derecho exclusivamente para él y le dedican una procesión especial de la santa patrona del lugar. Parece que la sagrada misión que se impusieron estos malos clérigos la redujeron únicamente a obtener dinero, a iniciar y fomentar la embriaguez de los campesinos, no dando ninguna: importancia a la enseñanza moral y religiosa de estos ni propendiendo en convertirlos en un factor edificante para la iglesia. De estos pocos curas o sacerdotes quedan muy pocos en nuestro medio.

Una costumbre atractiva en estas fiestas antiguas, es que engalanaban el frontis del templo en las fiestas que celebraban en conmemoración de la santa o santo patrón con todas las especies de los mejores frutos del año, colgados, ensartados y paralelamente extendidos sobre lienzos de color en todo el espacio que da a la plaza o formaban arcos en el atrio. En la actualidad por ejemplo en la festividad de la Virgen de Alta Gracia de la ciudad de Ayaviri, capital de la provincia de Melgar, el frontis donde se encuentra esta santa imagen lo adornan no con frutos, sino con focos de diferentes colores y otros adornos que engalanan durante sus días de vísperas. En la actualidad una costumbre en esta fiesta de la Virgen de Alta Gracia es el bosquero, que es una especie de un altar, donde están colgados toda clase de frutas, ensartados y extendidos en forma paralela; en estos se ven cabezas de plátanos, piñas, papayas, manzanas, membrillos y otros productos alternados con utensilios de plata. El objeto es ostentar y agradecer a la Santa Patrona del pueblo de Ayaviri hemos tenido la oportunidad de dialogar con varios exbosqueros, devotos de la Virgen de Alta Gracia, y todos ellos nos han manifestado que era una ofrenda de reconocimiento y gratitud que se ofrecían a la deidad que no tos olvidaba y una prueba palmaria de su bondad. Estos frutos los consideran benditos y los consumían, después de ser recogidos con una especial ceremonia.

Los campesinos o andinos desean la presencia del cura o sacerdote para que dé realce a la fiesta con su traje extraño y deslumbrante, con sus ceremonias misteriosas y fascinadoras. El andino fue profundamente pagano; la doctrina católica no ha tenido cabida en su espíritu; recita maquinalmente sus rezos y ejecuta sus preceptos cuando están conformes con sus creencias propias, sino las burla o las práctica por temor, sin conciencia de lo que hace. El andino tiene su filosofía propia, sus preocupaciones, su moral y su religión y mientras permanezca en e estado en que se encuentran actualmente es inútil pensar que sea católico de verdad, incorporado de veras a la civilización occidental; su alma sigue siendo lo que fueron sus antepasados, rebelde a toda innovación que pudiera destruir sus íntimas convicciones.

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