Thursday, November 17, 2005

EL GENIO MALEFICO DEL SUPAY

En presencia del hambre, y de la enfermedad de las guerras y desgracias imprevistas, ha debido reflexionar el hombre primitivo del ltipla y pensar sobre la existencia de un ente malo. Que contrariando los designios de los dioses buenos desencadena todas esas calamidades apenas se descuidan en evitarlas, por satisfacer sus instintos de destrucción y causar daños. A este genio maléfico lo llamaron, antiguamente HAI que equivale a un fantasma malo, y después SUPAYA, que es el nombre con el que actualmente se le conoce, a pesar que también se le conoce con el nombre de SIJPAY.

Más, el andino llegó a sufrir una violenta perturbación en el criterio que secularmente había mantenido respecto a su dogma, cuando los misioneros cristianos señalaban corno a SUPAY a sus mismos ídolos y como a sus intermediarios, a sus propios sacerdotes, su confusión aumentó cuando de los nuevos dioses y de sus adoradores no recibían sino sufrimientos, poco a poco, y a medida que era víctima de las crueldades de los españoles y mestizos, con las prédicas insistentes de los misioneros y sacerdotes, de ser culto diabólico su antiguo culto, el SUPAY, fue haciéndose simpático en su sencillo espíritu y comenzó a fiarse más de él. En vano se amenazaba a los andinos con las penas del infierno, en vano se pintaban cuadros espeluznantes que se les ponían de manifiesto; continuó la duda turbando su mente, El SUPAY, fue creciendo en sus imaginaciones y ocupando el lugar de sus antiguas divinidades. De ahí que el andino lo tema, peto no le repulse y cuantas veces puede invocar sus favores lo haga sin escrúpulos. Busca a los brujos antiguos o laiccas, porque supone que están en relación con aquél y les pagan cualquier cosa para que el SUPAY, le haga propicio a sus deseos.

El aymara conceptúa al SUPAY, menos malo de lo que dicen, y para explicar el origen de sus desventuras y señalar a sus causantes a inventado otros espíritus malignos, como el ANCHANCHU y los JAPI ÑUÑUS. Sin embargo creen que aquél, entregado a sus propios instintos, hace siempre daños; cuando se le implora cede y se torna buena, en tanto que a los últimos los tiene como orgánicamente malos, con otros no valen ruegos, ni ofrendas, sólo la intervención del Ekhekho, de la Pachamama, del Huasa Mallcu y de otras deidades benéficas puedan impedir a que le hagan daño.

El aymara tiene muy poca fe en las divinidades del cristianismo, más confía en sus ídolos aún no se ha dado cuenta de lo que llaman Gloria los católicos, la idea de los goces eternos junto a dios, no le conmueve, ni los ambiciona, porque no comprende lo que ese concepto encierra o significa. Lo que le agrada en el culto católico son las fiestas, porque le prestan ocasiones de embriagarse, divertirse y entregarse a los placeres sin freno ni medida.

Por manía, y a causa de que se describe al SUPAY con dimensiones iones extraordinarias que impresionan su imaginación; ha dado en calificar con esta denominación a todo hombre perverso, a toda mujer mala; pero no le hace, porque siente realmente horror por ese personaje, puesto que, en determinadas circunstancias, le busca y demanda sus favores. Al aymara no le asusta el SUPAY, o SUPAYA, desearía verlo personalmente para pedirle que lo vengara de sus enemigos; y después de verlo satisfechos sus odios, entregarle, si es posible su alma, ya que le predican sus opresores que eso exige el demonio. Sufre tanto, la existencia se le ha hecho tan amarga, que al indio no le importa lo que le puede suceder en el otro mundo, con tal de ser aliviado en éste del peso de los sufrimientos que gravitan sobre él.

Cuentan con este siniestro personaje que en el pueblo de Cojata, distrito de la provincia de Huancané, que continuamente se les aparecía especialmente en la fiesta de Todos los Santos, una semana antes del día de los difuntos. En síntesis podernos afirmar, la idea que en la mente de los andinos, particularmente del sector aymara del departamento d€ Puno, así como también en el sector sur, que se va perdiendo en el tiempo la creencia de la existencia del SUPÁY o SUPAYA o diablo indígena.

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